Ana Fernández nace en Valencina de la Concepción, un pueblo del Aljarafe sevillano muy cercano a la capital, el 29 de Mayo de 1965.
Mantiene como nombre artístico el suyo propio.
Su madre, Candelaria de gran belleza y elegancia, es ama de casa y madre de cinco hijos. Su padre, empleado, transmite a sus hijos e hijas un carácter y determinación de gran fortaleza.
Durante sus estudios secundarios inicia la que será su gran pasión, la interpretación. Impulsa diferentes proyectos de montajes teatrales de aficionados involucrando a toda la familia y a los amigos próximos en el proceso.
El hecho de que sea géminis quizás ha influido en que se interesara desde sus primeros recuerdos en ese peculiar desdoblamiento que significa la interpretación.
Soñar con personajes, muchos de ellos sacados de las series y los dramáticos de la Televisión Española de la época, pasa a formar parte de su vida diaria.
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Poco después de terminar el bachillerato y de ingresar en la Escuela de Arte Dramático de Sevilla, comienza a realizar trabajos semiprofesionales y a realizar giras por la provincia de Sevilla.
Esa escuela de itinerancia y contacto directo con diferentes públicos empezará a forjar su manera de afrontar los trabajos.
Durante este periodo compagina sus estudios en la Escuela de Arte Dramático con montajes de obras de carácter marcadamente popular, como son las obras cortas de los hermanos Álvarez Quintero, los Sainetes de Muñoz Seca y Pérez Fernández o el Don Juan de José Zorrilla. También codirige e interpreta La Casa de Bernarda Alba de García Lorca.
Ya integrada en el Grupo de Teatro Independiente La Jácara de Sevilla, participa en varios montajes teatrales: Esperando a Godot de Samuel Becket, Paella Salvaje de Pedro Casablanc, Leonci y Lena de Georg Büchner o Neurosis Terminal de Pedro Casablanc.
A finales de los años 80 empieza a colaborar en Televisión Española en programas diferentes.

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También por entonces trabaja asiduamente en doblaje, lo que le permite perfeccionar el manejo de la voz en registros muy variados, derivados sobre todo del doblaje de dibujos animados, actividad que adora y le divierte muchísimo.

 



Durante la década de los 90, compagina teatro, doblaje y televisión, y comienza algunas colaboraciones en cine.
Un programa fijo, presentadora de El Tiempo, en Canal Sur Televisión le permite familiarizarse con cámaras y platós.
Esta etapa la conduce a empatizar excepcionalmente con el mundo de la imagen desde su formación actoral.
También realiza estudios de Licenciatura de Historia del Arte, lo que completa su formación, sobre todo aquello que tiene que ver con las actividades creativas.
En Teatro también amplía su arco interpretativo actuando durante seis meses en La Cabalgata La Magia del Tiempo para la Expo 92 con dirección de Joan Font. Se trata de una gran Cabalgata que aúna todos los componentes del Teatro de Calle, lo que la pone en contacto directo con el público en las “distancias cortas”.
Actúa en este periodo también en la obra de Antonio Onetti, Marcado por el Tipex.
En 1997 se traslada a Madrid, donde sigue haciendo doblaje y colaboraciones en televisión.
En 1998 y tras una serie de pruebas exhautivas, Benito Zambrano, director, y Antonio Pérez, productor, le confían el personaje de María de la película Solas.



Durante el rodaje de la película se produce un conexión extraordinaria entre todo el equipo y especialmente entre Ana, María Galiana, Carlos Álvarez Nóvoa, Juan Fernández.
El equipo de intérpretes es extraordinario y la empatía aparece y traspasa la pantalla.
Se rueda a gran velocidad a partir de finales de Septiembre con el objetivo de poderla presentar a selección para el Festival de Berlín de febrero de 1999, en la Sección Panorama.
Finalmente llega, es seleccionada y recibe el Premio del Público, por votación entre los espectadores de las 3 proyecciones que se realizan de cada película seleccionada. Es el único premio que da esta sección, Panorama, de gran prestigio entre los cinéfilos.
Es el arranque de la proyección del trabajo profesional en el cine de Ana Fernández, y también de la mayoría de  los actores y actrices de la película.

Desde ahí empiezan a aparecer los premios. El primero de los cuales, el Premio Francisco Rabal a la Mejor Actriz, compartido con María Galiana, del Festival de Cine Español de Lorca, tiene un valor especial por eso, por ser el primero.Luego llegaron muchos más, incluido el Goya a Actriz Revelación en los Premios Goya de la Academia de Cine del Año 2.000 y el Iris a la Mejor Actriz Europea del Festival de Bruselas de ese mismo año.